lunes, 14 de abril de 2008

¿Legalizacion a la Prostitución?

En esta época que vivimos de alta conciencia social, donde afortunadamente se han alcanzado conquistas laborales que ni por asomo a nadie se le ocurriría cuestionar y donde existe un orden más o menos estable, aunque algún partido de centro–derecha (al final tuerza Vd. de nuevo a la derecha) se empeñe en querer colocar la riqueza del lado último mencionado, tenemos a diario delante de nuestras narices, un colectivo de “trabajadoras del amor” que solo en Andalucía se estima en 21.000 mujeres, que están en la más absoluta marginalidad laboral cuando mueven una economía superior a muchos sectores tradicionales de la producción o servicios.

El tema de la prostitución, parece estar marcado por la estigmatización de lo que tiene que quedar fuera del orden social desde que existe, o sea desde siempre, y personalmente no entiendo por qué tiene que ser así. De hecho, en otras épocas y lugares la aceptación social y legitimidad de la actividad fue prácticamente plena. ¿Por qué esta involución en algo que debería ser aceptado como un fenómeno absolutamente natural bajo el punto de vista humano y perfectamente legal y regulable bajo el social y económico?

Yo solo veo beneficios y argumentos a favor en esta regulación. De inicio, se conseguiría algo parecido a lo que las “criadas” obtuvieron hace años, que pasaron a denominarse empleadas de hogar. Esto es una forma de ir marcando diferencias y otorgando dignidad a las personas que, gustosa o circunstancialmente, hacen profesión de una actividad que tiene una alta demanda y cumple una función fisiológica de primera necesidad.

Me imagino una regulación integral. Régimen Especial de trabajadoras y trabajadores autónomos o bien Ordinario por cuenta ajena en plantilla de empresas del ramo. Los pasos siguientes vendrían en cascada: alta en seguridad social, cotización, jubilación, baja por enfermedad, prestación sanitaria, nóminas, convenios, etc.

Una prostituta, perdón ya estaríamos hablando de una trabajadora legalizada, una “trabajadora del sexo” vendría obligada a controles y revisiones médicas que garantizasen su salud personal y evitase contagios. No es mala la ventaja. Por otro lado, tanto en un régimen como otro, declararían IRPF como cualquier hijo de vecino. Tampoco es poco beneficio para las arcas del Estado y los contribuyentes.

Otro efecto colateral sería la erradicación de chulos y mafias que explotan a estas mujeres que no tienen poco con tener que trabajar en tan precarias condiciones para que luego vengan los listos criminales organizados y se llevan el beneficio y que son los que crean el verdadero problema de orden público con ajustes de cuentas por control de zonas y tráfico ilegal de personas que no debemos atribuir a la prostitución en sí misma.

¿Utopía? Pienso que no lo es, aunque sí es cierto que habría que acometer una labor a largo plazo y siempre quedaría una actividad residual clandestina, como en cualquier sector profesional, pero a partir de la tendencia de la actividad a desarrollarse en un local, existe la facilidad de control sobre el mismo. El edificio no puede salir corriendo, está ahí y es el centro de trabajo en un solo espacio. Solamente en Málaga capital existen 138 clubes de esta índole. No comprendo pues como puede permitirse una actividad de tal magnitud que afecta a aspectos sociales, laborales, sanitarios y económicos y dejar que se mueva al pairo dejando de conseguir beneficios políticos el partido que quisiera rentabilizar esa mina sin explotar.

Son tantos los argumentos que uno piensa que no es posible que nuestros gobernantes no lo vean de igual forma. Tal vez todo se reduce a prejuicios morales y religiosos (otra vez con la iglesia hemos topado) porque no se entiende de otra forma. ¿Hasta cuando el mundo se va a mover por aspectos de hipocresía colectiva y moral de cara a la galería. La literatura y el cine nos han mostrado infinidad de veces como el gobernador y el obispo eran asiduos del burdel… pero claro una cosa es prohibir y otra cumplir con el precepto. Y es que la bragueta cuando aprieta no distingue de potentado o villano, a todos pica por igual.

Mi indignación alcanza cotas elevadas cuando leí hace poco la noticia referente a nueve trabajadoras del sexo que habían conseguido refugio en un centro de acogida tras haber cumplido tres exquisitos requisitos: ser extranjera; haber sufrido explotación sexual y haber colaborado en destapar grupos organizados debiendo continuar posteriormente con el ejercicio de la acción penal. No es poco pedir. Me parece bien esa colaboración pero la justicia debería actuar más de oficio y no a costa de hacer mártires. Por otro lado, me pregunto ¿dónde quedan las españolas que solo cumplen el segundo y tercer requisito? O bien, ¿existen programas de reinserción para prostitutas arrepentidas...?

Quien les escribe nunca ha estado metido entre sabanas de pago a pesar de haber paseado por barrios tan pintorescos como el de los escaparates de Ámsterdam, tampoco me avergonzaría haberlo hecho. Ojalá nunca tenga la necesidad de acudir al “amor de pago” pero me cabe el consuelo que está ahí el recurso. Solo quisiera que si llegado el día y la necesidad tuviera, fuese un acto consumista reglado y seguro, como cuando tengo que aliviar mi sed en un bar, mi ocio en un cine o mi cansancio en un hotel. Servicio con factura y garantía por tres años.

Carlos Calvo

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